A muchos de mi generación les ha ocurrido con los viajes del papa algo similar a lo que cuentan de los intelectuales españoles y la república. De jóvenes nos cansamos de decir que el papa necesitaba viajar y no podía estar encerrado en la jaula de oro vaticana. Hoy que esos viajes son una realidad se nos puede oír murmurar aquello de “no es esto, no es esto”…
Por esta razón, respetando el sentir de otros y suponiendo la buena voluntad de muchos más, me atrevo a proponer un sueño a lo Luther King, para algún próximo viaje.
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