"Todo parece indicar que el Titanic de las religiones agrarias no va a
llegar a flotar en las latitudes del océano de la sociedad del
conocimiento. Todo parece indicar que no va a durar tanto, y se va a
hundir. Se
pasó su kairós, aunque le queda un poco de cronos. Pero no es el fin del
mundo. Es sólo el fin de un mundo, el fin del mundo agrario-neolítico y
de su epistemología, y con ello el fin de las configuraciones
religionales
de la espiritualidad, las que hemos llamado «religiones agrario
neolíticas».
La vida y su dimensión profunda continúan. Y es deber nuestro comprender
lo que está sucediendo, para no encontrarnos luchando contra la
Realidad, sino para ayudar a este nuevo parto evolutivo de nuestra
especie, para volver a reinventarnos como hicimos al comienzo del
neolítico."
Cada vez se está hablando más del declive del cristianismo en Occidente. El catolicismo y el protestantismo por igual, atraviesan una grave crisis, tanto en Europa como en América del Norte. Son cada vez más los observadores que pronostican que a continuación la crisis va a afectar también a otras religiones. Se sospecha que la crisis no parece deberse a un problema propio del cristianismo, sino a la naturaleza misma de «las religiones», y la incapacidad creciente que éstas experimentan para acomodarse al profundo cambio cultural que está en curso. La hipótesis del advenimiento de un «paradigma posreligional» quiere plantear la posibilidad de que estemos ante una transformación socio-cultural de hondo calado, en la que las «religiones neolíticas» van a dejar de ser viables cuando se implante a fondo la adveniente de «sociedad del conocimiento»1 , que será una sociedad «pos-religional»2 , y que las religiones que no se liberende sus condicionamientos «religionales» ancestrales se verán abocadas a los márgenes residuales del curso de la historia.