Los países ricos del Norte sociológico desembolsan cada año más de mil millones de dólares por día con el fin de mantener a sus agricultores. Es decir, seis veces la cantidad de lo que conceden anualmente para la ayuda al desarrollo de los países empobrecidos del Sur.
Tan sólo la Unión Europea y Estados Unidos son responsables de dos tercios del total de esas subvenciones, tan alardeadas como generosidad altruista.
Como resultado de esta política: niveles de producción cada vez más elevados, disminución de las importaciones de productos de los países del sur y la invasión de nuestros excedentes de producción que hunden los precios de sus mercados al no haber competición posible. Eso cuando no se disfraza la oferta de nuestros “excedentes de producción” como créditos FAD (Fondos de ayuda al desarrollo.) ¿El desarrollo de quién? No se trata del desarrollo deseable: endógeno, sostenible, equilibrado y global.
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