Si hay un país en la historia de la humanidad que ha sido aterrorizado por la brutalidad descarnada y la lógica hipócrita de la modernidad, ese es Haití. Uno podría suponer que la Revolución Haitiana en 1804 fuera considerada como un momento crucial que ayudó a dar forma a las ideas de libertad, igualdad y justicia. Pero no fue así. Haití ha sido víctima de la historia y de la hipocresía desde su independencia en 1804. Esta pequeña nación que luchó por la libertad, la dignidad y la justicia ha encontrado como respuesta una pesadilla dantesca de esclavitud, genocidio, racismo, aislamiento, opresión extrema y terrorismo económico, ejercidos a nombre de la civilización moderna, y que ha perdurado durante los 500 años desde que Cristóbal Colón desembarcó por primera vez en la isla. La reciente crisis en torno a las elecciones en Haití del 28 de noviembre debe ser entendida como una extensión del apoyo internacional al menoscabo del derecho del pueblo haitiano a la autodeterminación.
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