Cada vez que Al Qaeda comete un asesinato en el mundo, perpetra un crimen contra el islam, un crimen contra la humanidad. Desde octubre, esta organización ha decidido atacar a ciudadanos árabes en países árabes pero cuya religión no es el islam. Sean cristianos de Iraq, que eran más de un millón en 1980 y que hoy no son más de 636.000 (el 2% de la población), o coptos de Egipto, que suponen el 10% de la población total, se han convertido - como así lo ha declarado un comunicado de Al Qaeda-en "objetivos legítimos", hombres y mujeres cuya sangre es lícito que sea derramada. Así lleva a cabo la guerra contra el islam y los musulmanes esta organización de la que no se conoce ni su jefe ejecutivo, ni su sede, ni su objetivo final.
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