En la Silla de plata de las Crónicas de Narnía de C. S. Lewis se cuenta la historia de una bruja que construye un mundo subterráneo y tiene esclavizada a una población de gnomos y enanos, frustrados e insatisfechos, mediante encantamiento. Allí llegan desde la superficie los protagonistas a los que se les intenta encantar mediante el humo que nubla el entendimiento y una letanía continúa que repite una y otra vez “el sol no existe, los árboles no existen, los ríos no fluyen por la superficie”. Un fuerte zapatazo a la llama de la chimenea y un grito de rebeldía, casi un alarido, “el sol existe” rompe el encantamiento y permite liberar a la población de permanentes frustrados e insatisfechos que recuperan en la superficie una vida plena con sol, verdes árboles y ríos de aguas cristalinas que fluyen.
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