Con todos fue honrado y a todos dijo la verdad. Con los pequeños actuó con compasión, y con los poderosos entró en conflicto. Por defender a pobres y víctimas lo arriesgó todo, su tranquilidad, su buen nombre, su vida. Estorbó a los poderosos y por eso lo mataron. No hubo ningún macabro designio. Bien lo entendemos los salvadoreños. Así sucedió con Rutilio y con Monseñor, con Rufina la superviviente de El Mozote, asesinada en sus hijos pequeños, y con nuestras hermanas norteamericanas.
Llegiu el pregó sencer a
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