El reciente terremoto y tsunami del Japón, con el grave peligro de la radioactividad, es no sólo un signo claro de la vulnerabilidad de la naturaleza y de la sociedad desarrollada moderna, sino también un símbolo de lo que está ocurriendo hoy a todos los niveles. Vivimos un terrible tsunami cultural, ideológico, técnico, filosófico, humano, ecológico y social que afecta también a la esfera religiosa y eclesial.
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