Buena parte de las reflexiones sobre la crisis económica tienen como denominador común situar en el centro del análisis las perturbaciones financieras, que se habrían trasladado a través de diversas vías a la economía productiva y comercial, al mercado laboral y a las administraciones públicas. Cabe invertir, sin embargo, el sentido de la causalidad y presentar el desorden financiero como el resultado de diferentes desequilibrios localizados en el ámbito de los modelos de crecimiento.
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