Ante el reciente movimiento social de los “indignados” en España (y también, aunque en otro contexto diferente, en el Norte de África), todavía incierto y difícil de ser juzgado, podemos preguntarnos si en la Iglesia no hay también indignados. No encontramos ciertamente en la Iglesia algo semejante a lo ocurrido en la plaza del Sol de Madrid o en la plaza de Catalunya de Barcelona.
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