Los soldados que participan en un conflicto armado no necesitan las órdenes del jefe del Estado o drogas estimulantes para la violación organizada de mujeres, niñas, niños e incluso hombres de la población agredida. Este viejo crimen de guerra desconoce fronteras políticas o culturales. Hasta las grandes religiones han considerado el cuerpo de la mujer como botín de guerra, al lado del ganado, el oro o la plata.
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