dijous, 29 de desembre de 2011

Eterna infancia de Dios - Joxe Arregi

En la fría mañana del 25 de diciembre de 1886, un joven de 18 años, que luego llegaría a ser gran poeta y dramaturgo, se dirigió a la catedral de Notre Dame de París. Había hecho la primera comunión, pero había sido también la última.

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